¿Qué es la Coronación Canónica?

El 11 de octubre de 1954, el papa Pío XII instituyó la festividad de Santa María Reina, una efeméride que habría de celebrarse, desde entonces, cada 31 de mayo, con el propósito de conmemorar la realeza de la Santísima Virgen María. En la encíclica Ad Caeli Reginam, mediante la cual Su Santidad promulgó dicha festividad, se expone una extensa relación de argumentos que conducen a afirmar que la Virgen —como ya señalara san Alfonso María de Ligorio— es reina por ser madre del Rey de Reyes (Liguori, 1839). Las razones teológicas que sustentan la realeza de María han sido ampliamente defendidas a lo largo de la historia; según las Escrituras, el hecho mismo de ser madre del Divino Redentor la eleva, por su propia naturaleza, a una dignidad celestial (Pío XII, 1954).

El Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, proclamó el dogma de María como Madre de Dios (Theotokos), constituyendo un hito fundamental en la teología mariana. A partir de ese momento, se reforzó su papel doctrinal y se consolidó el culto hacia su figura (Juan Pablo II, 1996). Este reconocimiento favoreció una evolución en su representación iconográfica, que fue adquiriendo progresivamente un carácter regio. Ya en el arte bizantino se presenta a la Virgen como trono de sabiduría sobre el que descansa Cristo. Es en estos primeros siglos, especialmente en el siglo V, cuando comienza a representarse coronada (De los Reyes Rueda, 2020), una iconografía que se consolidará a partir del siglo XII gracias al desarrollo del arte gótico.

Conviene señalar que el siglo XII supuso un punto de inflexión en la consideración de la Virgen dentro de la Iglesia. La transición del románico al gótico, junto con cambios profundos en la mentalidad medieval —como el creciente poder didáctico de las imágenes, las tensiones entre estamentos sociales, la lucha contra las herejías y la transmisión de valores religiosos—, contribuyó a intensificar su presencia en templos y devociones populares. Este proceso transformó también su iconografía, alejándola del modelo de “mujer-trono” para aproximarla al ideal medieval de madre y reina (Di Pietro y Del Carril, 1996). En este contexto, las coronas adquieren especial relevancia como símbolo de su dignidad regia, divina y apocalíptica (Flores Matute, 2018). Desde entonces, la iconografía mariana heredará estas influencias, representando a la Madre de Dios como una reina coronada.

La Virgen María ha suscitado a lo largo de los siglos una profunda devoción entre los fieles, quienes han manifestado su veneración mediante donaciones y ofrendas. En este contexto surge el gesto simbólico de “coronarla”, es decir, reconocerla como Madre de Dios en la tierra y Reina y Señora de todo lo creado. La primera coronación canónica documentada tuvo lugar en 1631, con la imagen de la Madonna della Febbre en el Vaticano. A partir del siglo XVII, la Santa Sede institucionalizó este rito litúrgico como reconocimiento oficial a determinadas devociones marianas, mediante la imposición de una corona visible.

Aunque en sus inicios estas coronaciones se concentraron en territorios pontificios, su difusión se amplió notablemente tras la incorporación del rito al Pontifical Romano en 1897. En España, la primera imagen coronada canónicamente fue Nuestra Señora de Veruela en 1881, iniciándose así una tradición que se mantiene hasta la actualidad (Morales Solchaga, 2017). En el ámbito diocesano, la Virgen de la Caridad de Cartagena fue la primera en recibir esta distinción en 1923, mientras que, a nivel local, Nuestra Señora de la Fuensanta fue coronada en 1927 como patrona de Murcia.

A diferencia de otras ciudades como Sevilla, Málaga, Granada o Cartagena, donde las coronaciones canónicas han sido más frecuentes, en Murcia estas han sido relativamente escasas. En 2006 tuvo lugar la segunda coronación de la historia de la ciudad, con la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de la Cofradía de Jesús, siendo la primera imagen de una cofradía de pasión en recibir tal honor. Posteriormente, en 2008, fue coronada Nuestra Señora del Carmen, y en 2016 se celebró la última coronación hasta la fecha, correspondiente a la Virgen de la Soledad de la Cofradía del Cristo del Perdón. En total, cuatro imágenes han sido coronadas en la capital del Segura en casi un siglo.

El Ceremonial de los Obispos, en su parte VI, capítulo XVIII, establece el protocolo litúrgico para la coronación de imágenes de la Santísima Virgen. En este documento se recogen los requisitos necesarios para la concesión de la coronación canónica, entre los que destaca la existencia de una devoción sólida y arraigada en la comunidad. Asimismo, se subraya la importancia de instruir a los fieles sobre el significado del acto y de celebrarlo en el marco de una solemnidad mariana, presidido por el obispo diocesano. También se especifica que la corona o diadema debe estar elaborada con materiales dignos, acordes a la majestad de la Virgen, evitando excesos de ostentación.

Por último, es necesario distinguir entre los distintos tipos de coronación existentes. En primer lugar, la coronación “litúrgica”, que no requiere autorización previa y puede ser realizada por cualquier sacerdote. En segundo lugar, la coronación “diocesana” o “canónica”, concedida por el obispo y sujeta a un ceremonial específico. Finalmente, la coronación “pontificia”, de rango superior, que es otorgada directamente por la Santa Sede. En el siguiente apartado se detallarán los pasos necesarios para solicitar la coronación canónica diocesana de una imagen de la Virgen María.